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Reducción del hierro

No hace muchos meses, tuve el placer de colaborar en el Poblado Cántabro de Argüeso y con el maestro herrero Thomas Mink en la segunda jornada de arqueología experimental organizada por Raúl Bernardo Moya, director del Poblado Cántabro de Argüeso.

Este año, dichas jornadas estuvieron dedicadas al primer paso necesario para el trabajo metalúrgico en la antigüedad, el proceso de reducción.

La mayoría de la gente suele pensar, que, para obtener hierro, debemos fundirlo, pero no es hasta el siglo XVIII que se consigue la tecnología que pueda alcanzar la temperatura necesaria para fundir hierro, entonces ¿Cómo se las ingeniaban nuestros antepasados de la edad de hierro, para separar el hierro del resto de materiales que acompañan a este mineral cuando lo encontramos en la naturaleza?

Mineral de hierro en su estado natural
Mineral de hierro en su estado natural

Selección de mineral de hierro

El primer paso para conseguir hierro es la selección del mineral que procesaremos posteriormente, en al caso del experimento que estuvimos realizando, utilizamos diferentes variedades de mineral, limonita, hematita…

A continuación, procedimos a picar los trozos de mineral, de modo que no quedasen trozos excesivamente grandes para el siguiente paso.

Tostado del mineral

Una vez que picamos todo el mineral reduciéndolo al tamaño deseado, procedimos a su tostado, para ello hicimos una buena hoguera, a la que añadimos los fragmentos de mineral de hierro, aquí pudimos apreciar el primer cambio importante en el mineral, la manera en la que pudimos saber que el proceso de tostado se realizó correctamente, fue testando con un imán sus propiedades magnéticas, previo al tostado, nuestro mineral carecía de dichas propiedades, pero cuando terminamos de tostar, el material se veía atraído por el imán.

Proceso de tostado del mineral de hierro
Proceso de tostado del mineral de hierro

Construcción de los hornos

Para nuestro experimento, construimos dos tipos de horno, el llamado galo-romano y el horno tipo haizeolak, encontrado en diferentes yacimientos del País Vasco.

Los hornos los construimos con adobe, para acelerar el proceso de secado, según terminamos su construcción, los encendimos.

Fue un trabajo interesante, ya que para la mezcla de adobe se tuvo que hacer el proceso desde cero, es decir, picar la arcilla desde su estado sólido, humedecerla, ablandarla y por último, mezclarla con paja picada finamente.

Preparación de materiales para la reducción

Una vez terminada la construcción de los hornos y que estos estuvieron secos, procedimos al siguiente paso, el mineral tostado, volvió a ser picado en trozos un poco más pequeños, abrimos los sacos de carbón vegetal y también picamos los trozos de carbón en trozos de similar tamaño para que su combustión fuera homogénea y así, procedimos al siguiente paso de este proceso.

Picado del mineral tostado
Picado del mineral tostado

Proceso de reducción

Una vez con todo el material preparado y los hornos secos, procedemos al encendido y carga de los mismos, la carga se hace añadiendo capas alternadas de carbón y mineral de hierro en la misma cantidad hasta que el horno esté a punto de rebosar, iremos añadiendo más material según la combustión haga bajar el nivel de carga del horno, apuntando todas las cantidades en cada recarga y añadiendo un flujo constante de oxigeno con los fuelles al interior del horno, lo cual nos permitirá conseguir una temperatura constante de en torno a 1300ºc.

Horno tipo haizeolak a pleno rendimiento.
Horno tipo haizeolak a pleno rendimiento.

Después de varias horas dando vida a los hornos con los fuelles, procedimos al primer sangrado del horno, es decir, una perforación en la base del horno para que las escorias liquidas, tengan una vía de salida y que no vuelvan a solidificarse en torno a nuestro núcleo de hierro, que a estas alturas ya empezó a formarse.

Al cabo del tiempo, empezamos a notar, como los fuelles cada vez eran más duros de utilizar, según el maestro Thomas Mink, esto es un indicativo de que en torno a la boquilla del tubo del fuelle, se estaba formando el núcleo de hierro, por lo que decidimos dejar de añadir carga al horno y proceder a su apertura.

El resultado del experimento fue satisfactorio, conseguimos extraer de los dos hornos sendos núcleos de hierro, uno más acerado que el otro y de tamaño considerable.

Imagen del núcleo de hierro extraído de uno de los hornos utilizados en el experimento.
Imagen del núcleo de hierro extraído de uno de los hornos utilizados en el experimento.

Conclusiones

La experiencia fue maravillosa, poder acercarnos a los modos de producción del hierro, tal y como lo hacían nuestros antepasados hace casi 3000 años y además que sea exitoso, nos ha permitido poder valorar de forma muy cercana parte de los retos a los que se debía enfrentar la población peninsular en la edad de hierro, comprender este proceso, permite que podamos añadir a nuestros proyectos educativos y didácticos, material fresco que de no ser por la experimentación práctica, no podríamos ponerlo en valor en su justa medida.

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